¿Están las hipotecas vampirizando la inversión productiva?

España tiene un problema endémico de falta de productividad en su economía. Nuestro índice está en 93 puntos, solo por encima de Grecia  Portugal, cuando la media de la eurozona está en 102,4, que tampoco es para tirar cohetes, si se compara con Estados Unidos, por ejemplo. Esto explica que la renta per cápita en el país americano sea un escalofriante 34% superior a la media europea, por no hablar de la española.

Recientemente se ha publicado un estudio de la consultora McKinsey, del que se hace eco The Wall Street Journal, en el que se pone en evidencia que en este siglo, y con las sucesivas crisis, el crédito bancario se ha dirigido preferentemente a la compra de activos inmobiliarios en forma de hipotecas, en mucha mayor proporción que al crédito para inversiones productivas para las empresas, que es lo que hace crecer la productividad económica y, en última instancia, la riqueza de los trabajadores y de sus familias.

Dos tercios de la riqueza mundial son inmuebles, con situaciones de concentración sorprendentes como que los activos inmobiliarios situados en Londres tiene más valor que en el resto del Reino Unido. Y sabemos que España es un país de propietarios (casi el 80% de la población reside en una vivienda de su propiedad). ¿No será que toda esa riqueza impulsada por el crédito de los bancos ha mermado la capacidad de producción de nuestra economía?.

No hay que ser un experto para certificar que la aversión al riesgo de los españoles se complementa perfectamente con la preferencia de los bancos por las hipotecas, en vez de créditos a las empresas. Tampoco los españoles son muy aficionados a invertir en acciones en la bolsa, que es la otra fuente de financiación empresarial. Resulta paradójico, porque al principio de los tiempos los bancos abominaban de las hipotecas a particulares, precisamente porque son créditos a muy largo plazo y, por tanto, sujetos a los vaivenes de la economía. En Estados Unidos se crearon a principios del siglo XX dos entidades respaldadas por capital público, lo que resulta sorprendente en el país del capitalismo financiero por antonomasia. Son Fannie Mae y Freddie Mac, y respaldan casi el 60% de las hipotecas que concede el sistema bancario privado. Nacieron como entidades públicas, se privatizaron en parte en la era Reagan y tuvieron que ser rescatadas por el Gobierno Federal cuando estalló la crisis de las subprime.

Siempre se habla de la estrecha relación del crédito hipotecario con el mercado inmobiliario. Cuando suben los tipos de interés, como en este momento, se encarecen las hipotecas y baja la compra de propiedades. Si bajan los tipos de interés, sucede lo contrario: se abaratan las hipotecas y aumenta la compra de viviendas. Pero ahora estamos descubriendo la relación entre inversión productiva y concesión de hipotecas. A más hipotecas, menos crédito para financiar a inversión en herramientas de productividad y en el I+D+I. Para remediarlo en parte, estamos viendo cada vez mayor activismo gubernamental en la economía productiva y en la digitalización de las empresas. ¿Qué remedio nos queda cuando acudes a un banco con una idea innovadora y lo primero que te piden es que te avalen tus padres con su sueldo y con su vivienda?. ¿Qué sucedería si el Gobierno pusiera en marcha ayudas a las empresas en la misma línea que en la pandemia?. Mientras tanto, son el sector turístico y el inmobiliario los que tiran de la economía de este país, dos sectores que generan empleo pero poca productividad. También los americanos ahí nos llevan ventaja, con sus casas de madera y cartón piedra. No soportan un tornado, pero cuestan mucho menos que nuestras casas de hormigón casi eternas y mucho más caras.

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