En los años 10 de nuestro siglo se produjo un progreso notable de la fotografía digital mediante la incorporación a los smartphones de cada vez más potentes cámaras y software para le edición y tratamiento de fotos. Las Agencias inmobiliarias y sus Agentes fueron cada vez más cambiando a los fotógrafos profesionales por fotos propias hechas con el móvil, con el consiguiente deterioro de un servicio diferenciador para los propietarios. Simultáneamente salieron al mercado soluciones tecnológicas para elaborar Tour Virtuales, mediante los cuales se mostraba la propiedad de forma realista simulando una visita. Los sistemas más avanzados como Matterport requerían un proceso de stitching (literalmente cosido) de las imágenes y un proceso de postproducción que permite avanzar por las diferentes estancias mediante botones virtuales que se superponen a las imágenes, haciendo la navegación por el inmueble mucho más intuitiva. En un momento determinado, los portales empezaron a soportar este tipo de tecnología, incluso poniendo en contacto a las Agencias con fotógrafos locales especializados, ayudando así a su expansión.
El Big Bang de los tour virtuales se produjo cuando las prohibiciones de visitar físicamente las propiedades por causa de la pandemia del Covid, hicieron de una tecnología conveniente una solución casi obligada para vender propiedades online y sortear las prohibiciones de visitas en persona a las propiedades en venta. Esa es una de las razones -entre otras- que explican que muchas Agencias inmobiliarias sobrevivieran e incluso mejoraran sus resultados con ocasión de la pandemia. Cuando la pandemia se superó, otro avance tecnológico vino a reforzar la utilidad de los tour virtuales: las gafas de realidad virtual.
Aquí hago un paréntesis. Cuando hablamos de avances tecnológicos, en casi todos los casos me refiero al momento en que las diversas tecnologías alcanzan una situación que mezcla madurez funcional con precio relativamente accesible. Las tecnologías como tal, en fase experimental o pre comercial, suelen existir mucho tiempo antes. Volviendo al tea de las gafas, ayudadas por la pandemia vivieron un incipiente boom. Todos hablaban de ellas y parecía que habían alcanzado el estatus de imprescindibles para una Agencia inmobiliaria que se preciara de ofrecer un servicio de calidad a sus clientes. En su momento predije que la moda de las gafas virtuales acabaría pasando, aunque la tecnología perviviera, e incluso se popularizara en otros ámbitos. Así ha sucedido finalmente. Por muy perfeccionada que esté la tecnología, ponerle unas gafas de realidad virtual a un comprador no deja de tener su parte ridícula. Las gafas de realidad virtual tienen un ámbito de aplicación relativamente limitado, y una Agencia inmobiliaria no forma parte de él. Otra cosa son los tour virtuales visualizados en una pantalla, que aportan la misma información sin someter a los clientes a una experiencia con la que no está familiarizado.
Los tour virtuales se han incorporado de forma definitiva como parte de la panoplia de materiales que soportan la relación comercial con los compradores y han llegado para quedarse. Son especialmente útiles para hacer más productiva la labor de venta, ahorrando visitas innecesarias a inmuebles que no encajan en las preferencias del comprador potencial. La experiencia del tour sirve para confirmar ese descarte porque ayuda como ninguna otra herramienta a hacerse a la idea del inmueble a visitar. Hay que insistir también en que los tour virtuales no han eliminado ni de lejos, el reportaje fotográfico, el plano de planta de la vivienda, o el video de la propiedad. En este último caso, una visita guiada por el Agente constituye un excelente material de marketing para redes sociales. Incluso los Open House utilizando directos en las plataformas de redes sociales tienen un hueco indudable cuyo atractivo supera con creces a los tour virtuales.
Por último, hay que hacer un hueco importante en este apartado al desarrollo de las pantallas de escaparate que, como en el caso de las gafas de realidad virtual, han alcanzado su punto de viabilidad comercial en los últimos años. El progreso de la tecnología led, con su consecuente bajada de precio, ha inducido a muchas Agencias inmobiliarias con localización céntrica a poner pantallas que, en muchos casos, fagocitan a las hojas de propiedades de sus escaparates tradicionales, lo que constituye un error en mi opinión. Otra cosa son las pantallas OLED o similares, que proporcionan luminosidad suficiente y una visualización confortable a poca distancia (las grandes patallas de leds tienen sentido para llamar la atención de los conductores básicamente). Ese tipo de pantallas, alimentadas con los contenidos adecuados, contribuyen a reforzar el atractivo de los escaparates, en la medida en que muestran las propiedades en forma dinámica. En todo caso, el punto débil de esta tecnología por el momento es precisamente la pobreza de contenidos.
Viendo estas tecnologías en su conjunto, la mejora de las alternativas de visualización de propiedades contribuye de forma sustancial a la mejora de la productividad en la parte del proceso de comercial que requiere por definición más recursos personales: las visitas con compradores potenciales a las propiedades seleccionadas. Esa inyección de productividad, junto con el atractivo como piezas de marketing, hacen que los tour virtuales estén plenamente instalados en los procedimientos de las Agencias inmobiliaria actuales. Pero no hay que olvidar que una visita física con un comprador potencial a una propiedad es una oportunidad de estrechar lazos personales con alguien que puede referirnos a otros clientes potenciales, o que puede convertirse en un inversor o cliente recurrente. Si el negocio inmobiliario tradicional ha sobrevivido es porque ha encontrado de momento un punto equilibrio entre la relación personal y el uso eficiente de herramientas tecnológicas. Gracias por haber llegado hasta aquí. Te leo en los comentarios.



