El siglo XX consagró en Estados Unidos un modelo de vivienda que se identificaba como el “dream home”, las casas en las que todo el mundo aspiraba a vivir y, sobre todo, si formaban parte de urbanizaciones residenciales acotadas. No todas estas eran lo que se denomina “gated commnunities” o urbanizaciones cerradas, aunque esa era básicamente su realidad, con accesos controlados y un sentido de comunidad exclusiva. En cuanto a las viviendas en sí, eran chalets individuales, muy amplios (el tamaño ha sido siempre esencial en la consideración y el estilo de vida estadounidense, sean coches o casas), construidos con materiales ligeros como la madera o el pladur, con revestimientos sólidos para conseguir el necesario aislamiento térmico y, sobre todo con jardín delantero y un gran patio trasero, el popular “backyard” donde reunir amigos y familia el fin de semana alrededor de la tradicional barbacoa. Y, por supuesto, el camino frontal (driveway) directo a la plaza de garaje, antes única y con el tiempo doble o triple. Porque en este modelo habitacional y urbanístico, el coche es el rey. Sin un coche, o mejor dos, no puedes moverte de tu casa, debido a la casi total inexistencia de transporte público. Este modelo de vivienda representa el 62% de los hogares americanos, mientras los pisos en edificios -los condominios- no llegan al 15%. Lo que resta hasta l 100% agrupa lo que no son apartamentos en altura ni chalets aislados. Son datos de The Washintong Post en un artículo publicado recientemente.
Una cosa conduce a la otra, y el dream home aspiracional de la clase media de Estados Unidos, enclavado en una urbanización cerrada en la que el coche es esencial para los residentes, llevó al modelo que actualmente los urbanistas y defensores del medio ambiente denomina con cierto desprecio el “sprawl” o “desparrame”, que diríamos en castellano. Entretanto, las ciudades, excepto las diez “magníficas” de más de un millón de habitantes, que por su tamaño tienen de todo, quedaron básicamente condenadas a albergar a las clases bajas. Excepto un downtown de oficinas que se desertiza los fines de semana, el resto son barrios de cuya estética y habitabilidad mejor olvidarse. El inmenso sprawl que domina el paisaje urbano estadounidense asegura, por otra parte, un estilo de vida muy aceptable a inmensas capas de la población estadounidense de clase media baja y media/media. Bajo el lema “drive, drive, till you qualify” muchos residentes encuentran la casa de sus sueño con la hipoteca que pueden pagar. Eso sí, a una hora o más de sus puestos de trabajo, con escasas opciones de transporte público. Mientras tanto, la clase acomodada ha redescubierto el placer y las economías de escala que supone vivir en las ciudades, en un fenómeno de vuelta al estilo de vida urbana que parece imparable.
¿Y para el resto qué queda?. Como premio de consuelo, muchos promotores están ofreciendo un modelo que en España, por ejemplo, se identificó con la nueva ola de desarrollo de los años ochenta y noventa, inducido por la entrada en la Unión europea y el impulso económico que eso desató: la urbanización de chalet adosados. Esa parece ser la nueva moda habitacional que hace furor en Estados Unidos, donde la población está descubriendo lo conveniente que resulta compartir paredes con los vecinos -por lo que supone de reducción de precio y eficiencia energética-. Al mismo tiempo, la concentración residencial permite la reducción de las distancias y el aumento de las oportunidades de convivencia entre los vecinos. Porque la fórmula no solamente afecta a las casas -dúplex o tríplex adosados- sino que uno de sus componentes esenciales es la presencia en el centro de la urbanización de una “plaza del pueblo” con una pequeña zona de tiendas de conveniencia, un supermercado y un pub o cafetería. Si eres europeo, esto te parecerá como si alguien estuviera reinventando la rueda, pues ese es ni más ni menos, el modelo urbanístico que impera en los urbanizaciones de este tipo en los aledaños de las capitales europeas. Y es el modelo que adoptan casi el 100% de los campos de golf residenciales de la costa mediterránea española. Se sigue necesitando el coche -uno o dos-, pero por el interior de la “urba” te puedes manejar andando o en bicicleta.
Los adosados organizados en “townhouses” o en un “court houses”, según se distribuyan en una línea continua o se agrupen alrededor de un espacio abierto central, suelen tener una planta baja con el salón, la cocina y un aseo. En la planta intermedia se encuentran las habitaciones de los hijos, mientras que la tercera planta -el penthouse- sirve como suite matrimonial o estudio para teletrabajar. Hace tiempo que lla ciudad en altura representa lo más eficiente y ecológico en términos urbanísticos. Los adosados son un paso en la buena dirección, en el país que más consume energía per cápita, con nefastas consecuencias para el cambio climático. Sigue siendo el “dream home”, pero más racional y sostenible.



