AUGE Y OBSOLESCENCIA DE LA MARCA API

API, La marca de los agentes inmobiliarios en España alcanzó un hito poco frecuente en comunicación que denota el triunfo -planificado o no- de una estrategia de branding exitosa: su implantación como denominación genérica de una categoría de producto, servicio o, como en este caso, una profesión entera. Aunque los corredores de fincas y sus Colegios tenían una larga historia desde el inicio del siglo pasado, los API empezaron a llamarse así formalmente con la creación de los Colegios Profesionales, agrupados a su vez en el Consejo General de Colegios de APIs. En los años sesenta y setenta se reconocía su papel exclusivo (y excluyente) en la intermediación inmobiliaria. Solo los API podían cobrar honorarios profesionales de por intervenir la compra y venta de un inmueble entre terceros . La pertenencia a un Colegio requería haber cursado previamente una carrera universitaria y obtener el título correspondiente mediante un examen que algún notario suspendió (probablemente sea una leyenda urbana) y que se convocaba de forma no periódica y, en los últimos tiempos, de forma francamente impredecible.

Con la ley surgió la trampa, y determinados API comenzaron a subarrendar sus licencia a otros autónomos o empresas de intermediación a cambio de dinero, algo que en absoluto estaba ni en el espíritu ni en la letra de las normas que protegían su exclusiva. Ante el férreo control por parte de los COAPI en el ejercicio de la intermediación inmobiliaria (se dictaron varias sentencias judiciales por intrusismo en demandas interpuestas por Colegios), surgieron iniciativas que lo ponían en cuestión y, de una forma u otra, minaron la exclusividad en la práctica de los API. La más significativa fue la entrada de redes inmobiliarias con sede en Estados Unidos como REMAX, ERA, CENTURY 21 o COLDWELL BANKER. Previamente se había desarrollado con mucha fuerza una Red inmobiliaria creada por expatriados norteamericanos con el nombre de LOOK &FIND, que nació como un mero servicio de fotografía digital para inmobiliarias.

El fenómeno de las Redes tomó fuerza en los años 80 y 90. Los profesionales inmobiliarios que adquirían una franquicia americana se sentían legitimados por un modelo profesional avanzado basado en la captación en exclusiva y la compartición de la venta con otras Agencias, de la misma Red normalmente. Operaban sin ninguna licencia profesional, obviando en su discurso el hecho de que precisamente en USA el ejercicio  de la profesión estaba y está muy regulado y protegido por licencias estatales. En los años 80, España era un país que había reencontrado sus libertades políticas y, con la Constitución como referencia y Europa como horizonte, muchas restricciones al mercado libre de bienes y servicios acabaron desbordadas por la práctica diaria. A eso se sumaron varias sentencia de los tribunales, incluido el Constitucional, poniendo en cuestión el propio concepto de intrusismo que otras instancias judiciales habían reconocido en inmobiliarios al margen de los COAPI. Los Colegios se revolvieron, pero poco pudieron hacer a partir de ahí. Definitivamente, los APIS habían alcanzado su cénit de poder e influencia a mediados en los años 60 y 70.

La puntilla  vino de la mano del Gobierno Aznar que, siguiendo la directiva europea que liberalizaba el ejercicio de muchas profesiones, decretó por ley el acceso irrestricto a la intermediación inmobiliaria en el año 2000. Así se pasó de la exclusiva y excluyente estatuto legal de los APIs, a la liberalización salvaje, sin ninguna alternativa. Así se cayó en la paradoja de que para manipular alimentos había que tener una formación y una licencia, pero para intervenir en la comercialización del bien más preciado por una familia -una vivienda- no había que acreditar conocimiento ni destreza alguna.

Sobre ese concepto se inició la reconquista de la regulación profesional, encabezada por el Colegio de APIs de Cataluña que, bajo el carismático liderazgo de Joan Ollé, su presidente durante esos años críticos, consiguió de la Generalitat el Registro obligatorio para el ejercicio profesional bajo la denominación APICAT en el ámbito de dicha Comunidad Autónoma.

La prevalencia de dicha marca en Cataluña no está en duda, al contrario que en el resto de España, donde marcas de prestigio como REALTOR, SIRA, CRS, incluso RICS o las marcas de las grandes Franquicias, nacionales o internacionales, están cada vez más presentes en la conciencia del público, en detrimento de la marca API, que parece encaminarse lentamente hacia su obsolescencia. Eso a pesar de los esfuerzos del Colegio de Barcelona-  que tomó el control del Consejo General de los API después de haberlo dejado sin fondos durante varios años-  y extendió su influencia sobre los no titulados a través de una Asociación profesional paralela, en una ambiciosa operación bajo el enérgico liderazgo de Gerard Duelo. Un ambicioso y expansivo proyecto que ha tenido derivaciones en otros lugares de España con más o menos éxito. A estas alturas está claro que la marca con la que se identificaban la inmensa mayoría de profesionales inmobiliarios, por una razón u otra, cada vez los representa en menor medida.

Comparte este artículo

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email

2 comentarios en “AUGE Y OBSOLESCENCIA DE LA MARCA API”

  1. Joaquim Ribas Alabau

    Si me permite la corrección, ya que yo participé activamente en el proceso como miembro de la Junta de Gobierno del Coapi de Girona i de la Junta de la asociación de agentes inmobiliarios de Catalunya, AIC, me permito matizar algunos puntos:

    La asociación profesional paralela, AIC Associació d’Agents Immobiliaris de Catalunya nació junto con el Decreto que establecía un nuevo título habilitante en Catalunya, AICAT (Agent Immobiliari de Catalunya) Decreto impulsado como bien dice Vd. por el Sr. Joan Ollé, presidente del Coapi de Barcelona (1), pero con la colaboración activa de la entonces presidenta del Coapi de Girona, la Sra. Marta Madrenas, hoy diputada en el Congreso, y no bajo el “energico liderazfgo de Gerard Duelo”. Cuando el Sr. Duelo llego a la presidencia del Coapi de Barcelona, y posteriormente a la del Consejo español, la asociación AIC llevaba ya lustros funcionando. Por cierto, su constitución levanto ampollas entre los colegios API del resto del estado, ya que en aquellas fechas consideraban que era un menosprecio a la titulación profesional que, como muy bien describe Vd., no era nada fácil de conseguir. Aunque hoy en día esa posición se ha corregido por demostrarse errónea y anacrónica.

    Como nota a pie de página, quisiera aclarar que si los colegios catalanes (Girona, Barcelona y Lleida) dejaron de contribuir durante unos años al sostenimiento del Consejo General de España, fue para reclamar que éste aplicara a las relaciones que los unían la STC de diciembre de 2013, que fijaba cuales debían ser los mecanismos que las debían regular.

    Por último, agradecerle como miembro de este gremio desde hace 44 años que haya dedicado esta entrada a esta profesión, en estos momentos tan injustamente denostada.

    Joaquim Ribas Alabau. API

    (1) Joan Ollé fue el mejor presidente del COAPI de Barcelona y del Consell Català de colegios API. Difícilmente nadie podrá igualar sus aciertos y, sobre todo, sus esfuerzos en favor de nuestro colectivo.

    1. Dionisio Escarabajal Asensio

      Estimado Joaquin. El agradecimiento es de mi parte. Agradezco tanto las puntualizaciones como las rectificaciones, de alguien con conocimiento y autoridad para hacerlas. Tuve la suerte de conocer a Joan Ollé y presentar una propuesta para potenciar la marca API, que sigo creyendo que no ha explotado su potencial, excepto en Cataluña, donde obviamente es la referencia. No se acabó implementando por la incercia de las cosas, pero en su momento le agredecí el interés.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entradas relacionadas