Vivir de intermediar en la venta de inmuebles se complica cada día. Ya era difícil antes, pero en la era de la inteligencia artificial, la cosa se está poniendo francamente fea. Los portales se cargaron a los clasificados de la prensa general y también las publicaciones impresas gratuitas, que cumplían la misma función, pero no ofrecían la riqueza informativa visual ni las facilidades de búsqueda que ofrecen Idealista o Fotocasa. Los agentes inmobiliarios aguantaron el choque de la irrupción de los portales, ofreciendo fotos profesionales y consejos para poner la casa guapa sin gastar mucho dinero en reformas o decoración. Pero el auténtico valor diferencial que ofrecían hasta ahora al vendedor y comprador era su conocimiento del proceso de la compraventa junto con sus aspectos legales, financieros e incluso fiscales. Un propietario o un comprador vende o compra un inmueble una o dos veces en su vida, a no ser que se trate de un inversor. Lo normal es que afronte el proceso de la compraventa por cuenta propia siendo un completo aficionado. Ahí un agente inmobiliario con experiencia, o respaldado por alguien que la tenga dentro de su Agencia, tiene mucho que aportar.
Esa aportación está siendo puesta en entredicho por la irrupción de la IA. Si algo hace bien la IA aparentemente es suplantar el conocimiento y consejo de un experto en temas inmobiliarios, incluso proporcionando contratos modelo para cada tipo de transacción y circunstancia. Es cierto que mucha gente seguirá prefiriendo que alguien con cara y ojos, valide lo que dice la IA, pero ya no se ve como algo tan necesario. El sector de la comercialización de propiedades se resiente por ello. La solución que los profesionales están adoptando es dominar las herramientas tecnológicas y sacar partido de ellas para aumentar su productividad y la calidad de su servicio, en este caso el asesoramiento sobre los diferentes aspectos de una transacción.
Pero el auténtico reducto de valor que queda en manos de los profesionales es el acompañamiento personal en todo el proceso, que suele alargarse meses y está salpicado de momentos estresantes. Algo que solo un Agente inmobiliario con auténtica empatía puede proporcionar. Y en ese aspecto, las mujeres llevan ventaja. No es solo por eso que la profesión de inmobiliario se ha convertido en un oficio preferentemente de mujeres, pero influye. No lo digo yo, y no es de ahora. Lo dicen la EPA y otras estadísticas que reflejan un panorama donde las mujeres superan en ocupación a los hombres por siete puntos porcentuales en España. En Estados Unidos, la patria de los Realtors, esta diferencia en favor de las mujeres se amplía a catorce puntos. ¿O deberíamos decir la patria de “las realtors”?.
Hace unos días tuve la oportunidad de asistir al evento de AMPSI la Asociación de Mujeres Inmobiliarias, que se celebró en Benidorm. Allí pude constatar hasta qué punto la profesión inmobiliaria se beneficia de la inteligencia y sensibilidad que caracteriza a las mujeres inmobiliarias de este país. Al contrario que en los hombres, la sororidad se abre camino entre las aristas de una profesión altamente competitiva.
Visto lo visto, yo tengo clarísimo que, en esta profesión en concreto, las mujeres tienen ventaja sobre los hombres. Como decía antes, si algo no puede hacer ni hará la IA es suplantar las relaciones humanas ni la empatía que surge a partir de esas relaciones. No se trata de necesitar de un Agente inmobiliario que te ayude en el proceso de vender o comprar tu casa. Se trata de preferir que alguien que te caiga bien y en el que confíes esté a tu lado dispuesto a aconsejarte, acompañarte e incluso comprenderte cuando te frustras porque no te han concedido una hipoteca o porque un propietario elige otra comprador por razones imprevisibles.
Especialmente emocionante en el evento fue la entrevista a Ana Bella, una mujer maltratada que de su experiencia -que pone los pelos de punta – sacó la fuerza necesaria para crear una fundación con su nombre que presta ayuda a mujeres que pasan por situaciones parecidas. Parece mentira que a estas alturas las mujeres tengan que soportar este tipo de situaciones. Hay un dato escalofriante referido a Estados Unidos, un 22% de Agentes inmobiliarios femeninos declaró haber pasado por situaciones de peligro en el ejercicio de la profesión.
Eso no parece ser un impedimento para que las valientes mujeres inmobiliarias de nuestro país hayan roto todos los techos de cristal y se hayan impuesto como protagonistas mayoritarias tanto en el lado de las empleadas como de las empleadoras. Y es que siempre se ha dicho que el negocio inmobiliario tiene que ver con personas tratando con personas. Por mucho que las empresas tecnológicas hayan intentado dinamitar al statu quo vigente, eliminando las personas del proceso de compraventa inmobiliaria, la realidad es terca y vuelve a imponerse una y otra vez. Es toda una señal positiva cuando tanta gente se plantea si su oficio y su empleo tendrá vigencia el día de mañana ante la disrupción de la Inteligencia artificial y sus derivadas, como taxis autónomos o robots humanoides. A lo mejor todos deberíamos estimular nuestro lado femenino para enriquecer con imaginación, emoción y resiliencia nuestro respectivo ámbito de actuación profesional.



