Aunque hay motivos fundados para prever que la sangre no llegará al rio en el duro enfrentamiento comercial de las dos potencias hegemónicas del planeta, el caos provocado por el órdago sobre aranceles lanzado por los Estados Unidos sobre el resto del mundo, y especialmente China, ha provocado ya consecuencias y amenaza con desestabilizar aún más los mercados inmobiliarios de ambos países.
Y es que ambos mercados no están precisamente en su mejor momento. Recientemente hemos visto cómo trece jóvenes Agentes inmobiliarios chinos de sexo femenino de una misma promotora se han visto involucradas en una práctica que consistía en seducir a sus correspondientes parejas masculinas consintiendo en unirse en matrimonio a ellos siempre que compraran la vivienda que ellas -casualmente- les ofrecían. Y después, si te vi no me acuerdo. Hay que tener en cuenta que en China, el número de hombres supera ampliamente al de mujeres, por la política de hijo único vigente durante décadas, y así la oferta de matrimonio era muy atractiva para sus víctimas. Sin llegar a tal nivel de desesperación, algunos promotores han ofrecido lingotes de oro a sus compradores como oferta promocional a la compra de una vivienda.
Y es que el estallido de la burbuja inmobiliaria en China ha sido espectacular. Promotores como Evergrande construían cientos de miles de vivienda al año adjudicándose a crédito terrenos propiedad de los municipios, construyendo con el crédito de los bancos e iniciando nuevos proyectos con el pago adelantado de los propios compradores de proyectos en marcha, acumulando una enorme y creciente deuda en el proceso. Con estrategias como esta, el sector de la vivienda en China llegó a ocupar el 30% de lodo el PIB de este inmenso país. Básicamente la gente en China más de 9 de la mañana a nueve de la tarde seis de la tarde seis días a la semana(la conocida fórmula de 9/9/6) para poder comprarse un piso donde vivir y otro para arrendar asegurándose un complemento futuro a su magra pensión. La burbuja inmobiliaria se expandió hasta que Evergrande primero y otras promotoras después empezaron a no conseguir refinanciación -en un intento del gobierno de ralentizar el proceso- a impagar sus créditos y -finalmente- declararse en bancarrota. El hermetismo chino impide conocer la repercusión real que el estallido de la burbuja ha tenido en su sistema financiero, aunque se sabe que cientos de bancos locales han ido también a la quiebra como consecuencia. Aunque el control de un Estado totalitario impide manifestaciones generalizadas, eso no ha impedido que hayan trascendido protestas localizadas y una especie de huelga general en el pago de créditos hipotecarios por viviendas que no se han terminado de construir. Muchos chinos han visto cómo sus ahorros de muchos años se han volatilizado por la quiebra de las promotoras. De momento la situación no mejora, a pesar de la previsible inyección masiva de capital al sistema financiero del que depende el ecosistema promotor.
Y eso era antes de que los aranceles de Estados Unidos hayan complicado aún más las cosas para la economía china. A pesar de que los dirigentes de este país repiten por activa y por pasiva que solo el 15% de sus exportaciones van destinadas a Estados Unidos, la verdad es que la cifra de dependencia de las compras norteamericanas sería mucho mayor si se tiene en cuenta lo que los otros países también castigados por altos aranceles incorporan a sus propios productos que finalmente son exportados al gigante norteamericano. Esta situación se da especialmente en dos países de referencia: Vietnam y Méjico.
En cuanto a Estados Unidos, la afectación al sistema inmobiliario por parte de las políticas actuales se dan por varias vías. La primera y más evidente son los altos tipos de interés hipotecario, que rondan el 7% y que aún disuade a muchos compradores a la hora de adquirir una vivienda. La FED norteamericana, que establece los tipos de interés de referencia para los hipotecas, se niega a bajarlos por las incertidumbre sobre la inflación ligada a los altos aranceles urbi et orbi anunciados por la Administración actual. La segunda razón es que los precios de la obra nueva, y las cifras de producción, se ven afectadas por el aumento de los costes de materias primas, empezando por las maderas de origen canadiense con la que se construyen muchas de esas viviendas. Los promotores están ralentizando sus proyectos a la espera de que la situación se asiente definitivamente y acabe la incertidumbre. También en el mismo sentido afecta la escasez de mano de obra provocada por la deportación de inmigrantes en situación más o menos irregular. Esa mano de obra barata se concentraba en la agricultura y en la construcción y muchos empresarios -especialmente en los Estados del Sur-se quejan ya de su escasez.
En España vemos -sin ir más lejos- la pujanza de la demanda inmobiliaria impulsada por el casi medio millón de inmigrantes que vienen a nuestro país cada año para quedarse. Igual fenómeno sucedía en Estados Unidos hasta poner en marcha esta batalla sin cuartel contra la inmigración, un término literalmente exacto porque se ha implicado al Ejército para defender la zona fronteriza con Méjico y perseguir a los sin papeles. Finalmente -lo último pero no menos importante- está el temor a invertir en un país que definitivamente quiere cerrar sus fronteras a todo el que venga de fuera, excepto a los ultrarricos.
Lo mejor que se puede esperar de la situación actual en Estados Unidos es que sea pasajera. Hay muchas señales de que la actual Administración norteamericana llegará a acuerdos rápidos con múltiples países, que venderá como victorias de “tremenda” su habilidad y poder de negociación, y los grandes aranceles que están provocando tantos daños colaterales a día de hoy, pasarán a mejor vida. Ojalá que así sea por el bien de todos. Otra cosa es el daño reputacional que puede haber provocado esa actitud de abuso y extorsión a la imagen de Estados Unidos a medio y largo plazo. Hace una semanas escribí un INMOSHOTS titulado “Cuando la economía se resfría, el sector inmobiliario estornuda”. Pues bien este artículo cuenta la situación contraria: cuando el sector inmobiliario enferma, toda la economía se resiente.



